martes, 12 de agosto de 2025

Violencia, historia y poder: el género como estructura de dominación y resistencia.

¿Entonces, eres hombre o mujer?. Esta pregunta es puesta a debate en reuniones, conversaciones, entrevistas de trabajo y ha sido escuchada desde antes de los baby boomers. Las ideas actuales sobre género han dejado en dudas las clasificaciones rígidas de su concepto y es que no se limita a una identidad asignada, sino más bien, a una construcción social, atravesada por el  poder y normas que nos dicen cómo debemos vivir. En este ensayo sostengo que el género funciona como una estructura histórica, performativa y violenta que organiza el poder en nuestras sociedades tal como lo evidencian las propuestas de tres autoras del pensamiento feminista contemporáneo que me han inspirado en mi formación como feminista y profesional: Joan Scott, Judith Butler y Rita Segato. Desde sus distintas perspectivas estas feministas nos brindan herramientas para comprender cómo el género se intersecciona con el discurso, la violencia, el poder, la historia y la colonialidad. Además, colocaré ejemplos y experiencias personales para demostrar cómo estas dinámicas se dan en nuestra vida cotidiana como peruanes donde las desigualdades de género se dan de manera estructural. 


“¡Ella no!, es muy emocional y sería difícil que responda ante una crisis con objetividad, ¡mejor él! que es más racional y tiene voz de liderazgo”. Esta frase la he escuchado muchas veces en espacios organizacionales y es un claro ejemplo de cómo se asocia lo masculino, con lo correcto, el liderazgo y la fuerza; y lo femenino, con la debilidad, la dependencia y la emocionalidad. Esto refuerza la posición de los hombres en espacios de poder mientras que a las mujeres en roles de cuidado o apoyo. 

Joan Scott propone que el género debe entenderse como una categoría útil para el análisis histórico precisamente porque permite evidenciar cómo estas asociaciones simbólicas están incluídas en la forma en cómo narramos la historia, hablamos del presente y proyectamos el futuro. En sus palabras, el género no sólo remite a las diferencias entre hombres y mujeres, sino que constituye “una forma primaria de dar significado a las relaciones de poder” (Scott,1990). Es decir, el género organiza la forma en que comprendemos el mundo y distribuimos jerarquías.

 

Hace diez años salí del colegio y aún recuerdo como  en mis libros de historia los protagonistas de todos los capítulos eran los hombres: héroes de guerras, presidentes, conquistadores, revolucionarios entre otros, mientras que las mujeres apenas aparecían en la sección “otras notas” como esposas o musas, pero y ¿dónde quedaron las lideresas educadoras, luchadoras y revolucionarias como Maria Parado de Bellido, Maria Montessori o Micaela Bastidas?. Este ejemplo muestra claramente cómo la historia ha sido narrada desde una lógica androcentrista que refuerza relaciones de poder simbólicas y materiales como lo plantea Joan Scott en su frase “la historia solo agrega nombres femeninos sin analizar el sistema de género que las invisibiliza o subordinó”. 

Una vez más las ideas sociales nos muestran qué se espera de una mujer, cómo debe comportarse, qué se les permite y qué se les prohíbe.  Es por eso que se cuestiona  la división de género la cual no es biológica, pues nadie nace sabiendo cuidar, cocinar o limpiar; sino es una forma social e histórica de organizar los poderes entre los sexos. Por ejemplo, mujeres con dependencia económica de sus parejas u hombres incapaces de poder demostrar sus sentimientos; es así como el género dispone quién cuida, quién provee, quién es la autoridad y quien tiene posiciones de toma de decisiones. 


En esta misma línea se encuentra Judith Butler, quien introduce el concepto de “performatividad del género”. Esto quiere decir que el género no es algo que “somos” sino que hacemos de manera repetida siguiendo normas sociales impuestas desde antes de tener memoria y que eso conlleva a mencionar que no existe una identidad de género verdadera. Desde esta perspectiva, se puede entender mejor la discriminación hacia las personas no binarias en espacios laborales, pues se visten de una forma no normativa y además desean ser llamadas con pronombres neutros, esto en muchos casos son puntos de burlas, acoso o exclusión. Esta hostilidad se origina en la ruptura de las expectativas que dicen cómo debe “parecer” y “actuar” un hombre o una mujer. El sistema exige todo el tiempo encajar en dos categorías binarias para considerarlo legítimo. Algunas barreras cotidianas para este grupo pueden ser: la dificultad de llenar formularios, hasta el acceso a servicios básicos como salud o educación. 

Lejos de ser únicamente objeto de marginación, estas identidades no normativas se pueden entender como formas de resistencia. Butler,  sugiere que el drag o las expresiones disidentes tienen la capacidad de visibilizar lo normalizado por el género y así abrir la creatividad a otros modos de existencias más inclusivos y libres. 

Ahora, entender al género únicamente como histórico, el discurso o la performatividad no haría justicia a la gran Rita Segato, quien denuncia la violencia como estructura persistente. Las noticias de los últimos tiempos nos muestran e introducen la idea que la violencia contra las mujeres no son solo un acto individual, sino una forma de comunicación y sobre todo político, esto quiere decir que reafirma la jerarquía del poder masculino sobre otros cuerpos (Segato,2016)

Como Psicóloga, discrepo mucho con mis colegas cuando insisten en reducir la violación a una patología sexual individual;  pues es en realidad es una práctica de control y dominación.  Rita Segato (2013) lo menciona bien cuando introduce el concepto de pedagogía de la crueldad el cual es una forma de imponer miedo, reforzar el poder masculino y transmitir una lección a toda la sociedad sobre lo que ocurre cuando alguna mujer no obedece y rompe el “orden”. Y todo esto, lo elevamos a la potencia cuando sucede con mujeres racializadas, pobres y disidentes las cuales siguen siendo expuestas a la violencia y cosificación. 

Un ejemplo muy reciente de cómo estas lógicas persisten pudo escucharse en las  declaraciones del impresentable ministro de educación Morgan Quero quien calificó la violencia sexual contra menores en comunidades indígenas Awajún y Wampis como una “práctica cultural”. Este tipo de afirmaciones no sólo invisibiliza el sufrimiento de las menores, sino que reproduce una lógica colonial que exotiza y estigmatiza a los pueblos originarios, negando su capacidad de agencia y justicia interna. Como diría Segato, este discurso lo único que logra y refuerza es la mirada del colonizador blanco posicionado como alguien superior moralmente, al mismo tiempo que mantiene a los pueblos indígenas como personas inferiores, en cristiano les está diciendo: “como te veo, te trato”. 

A lo largo de este ensayo he querido manifestar y reforzar las ideas de tres autoras, incluyendo contextos y ejemplos de mi vida personal y cercana en el que he intentado manifestar y desestabilizar las certezas sobre la violencia, la historia y el poder. Joan Scott nos mostró el género como una categoría analítica para entender las relaciones de poder en la historia enraizadas en nuestro estado, instituciones y prácticas. Judith Butler por su lado, enfatizó que la diferencia sexual no es biológica ni originaria sino más bien que es regulada por normas culturales. Finalmente Rita nos exhortó a mirar la violencia como algo estructural siendo ampliamente articulado por el patriarcado, colonialismo y capitalismo. Estas autoras, aunque distintas en sus enfoques, coinciden en que el género no es algo dado ni neutro, sino profundamente instaurado en las relaciones de poder. 

En un contexto como el peruano, donde se siguen negando las voces de mujeres y grupos oprimidos, estas lecturas se vuelven urgentes. Reconocer cómo el género opera como formas de control histórica, simbólica y violenta es el primer paso para deconstruirnos como sociedad. 

Escribo este ensayo desde la convicción de que pensar el género de forma crítica es un compromiso político y ético como profesional, sigamos luchando por la vida digna de todas mis compañeres especialmente por quienes son silenciades todos los días de sus vidas. 


Pensar, escribir y resistir también son formas de transformar el mundo. 


domingo, 9 de marzo de 2025

Lo que no se dice, pero pasa

 El feminismo, lejos de ser una ideología exclusiva de ciertos grupos, es un llamado a la equidad y la justicia en todos los espacios, incluido el laboral. Hablar de feminismo en las empresas es hablar de estructuras que nos permitan a las mujeres acceder a las mismas oportunidades, ser valoradas justamente y desarrollarnos sin barreras invisibles en un espacio sin ningún tipo de violencia ni hostigamiento.

En Aflora, creemos en la importancia de impulsar el talento femenino. Por eso, es liderado por una mujer, y en su mayoría por profesionales que se identifican como tal. Creo firmemente en la capacidad, el liderazgo y  la necesidad de seguir abriendo espacios donde cada una de nosotras pueda crecer y contribuir sin limitaciones.

Sin embargo, para avanzar en este camino, es fundamental detectar y erradicar las microagresiones que, aunque muchas veces son sutiles, perpetúan la desigualdad de género dentro de las organizaciones, en nuestros círculos sociales e incluso en nuestras familias. Estas vienen disfrazadas de "bromas" o "formas de ser" que refuerzan estereotipos y afectan la confianza y nuestro desarrollo profesional. 

Algunas son:

- Interrumpirnos más en reuniones o minimizar nuestros aportes.

- Asumen que seremos nosotras quienes tomaremos notas, haremos el papelógrafo o nos encargaremos de organizar eventos de cumpleaños porque somos las "más indicadas".

- Cuestionar nuestra autoridad con mayor frecuencia que la de los pares hombres.

- Hacer comentarios sobre nuestra apariencia física o estilo.

- Dudar de nuestro compromiso profesional por si somos madres o deseamos serlo.

Pero la desigualdad no solo se manifiesta desde la interacción con los hombres. También ocurre cuando entre mujeres no hay una verdadera cultura de sororidad. Frases como "ella solo llegó ahí por contactos", "es muy emocional para liderar", "yo tuve que esforzarme más, ahora todo es más fácil para ellas" entre otros comentarios pasivo-agresivo que existen, esto solo perpetúan una competencia innecesaria y dañina. La equidad se construye juntas, generando redes de apoyo y respaldo. 

Necesitamos más hombres aliados que cuestionen sus privilegios, escuchen, denuncien injusticias, corrijan a sus pares cuando escuchen comentarios machistas y promuevan espacios equitativos en las organizaciones, pues la equidad de género no solo beneficia a las mujeres, por el contrario crea entornos más diversos, creativos y justos para todxs, y si fuiste criadx de alguna manera, es una decisión que ya de adultx puedas deconstruirte y no quedarte con la frase “yo fui criadx así”, ya es tú responsabilidad tomar acción. 

Para terminar estas líneas... pensaba qué tendría que ocurrir para que una organización realmente desee avanzar en equidad de género;  y sí, a tí que tal vez estás en una posición jerárquica de toma de decisiones dentro de tu empresa te doy algunas ideas para que las puedas poner sobre la mesa.

- Crear espacios de conversación seguros donde las mujeres puedan expresar sus experiencias sin temor a represalias.

- Capacitar a las personas líderes y equipos para identificar actitudes y prácticas que perpetúan la desigualdad.

- Asegurar que los procesos de gestión humana sean equitativos en acceso y desarrollo profesional.

- Tener tolerancia cero ante el hostigamiento sexual y laboral, garantizando un entorno con seguridad psicológica real.

- Invitar a los hombres a ser parte del cambio, generando espacios donde puedan aprender sobre equidad y comprometerse con la causa, no solo a nivel profesional, sino también en su vida personal.

La equidad es un derecho, y construir un mundo laboral más justo es una tarea de todxs. 💜


lunes, 27 de marzo de 2023

Pieles

Es bastante sensual y sexual - escuchó.
Todas las personas presentes voltearon a verla cuando entró a ese restobar tan escuchado y conocido en un distrito de clase media-alta del Obelisco. 
Reluciente y espléndida es como se veía, con una sonrisa amplia y no menos de medio litro de perfume encima -porque cómo ama el buen olor caray-, con labios color carmín, una blusa y una falda de cuero a la cintura -que bien le marcaba esa cintura- se veía radiante pensó él.

Rozaron sus pieles al saludarse e inevitablemente se les vino tantas noches de pasión en lugares difíciles de imaginar, pero que en sus cabezas los tenían más que presente...una erección disimulada y unas gotas rebalsando el sexo de ambos fue lo más obvio a sus mentes más no es sus miradas lo que provocó que ambas pieles se vuelvan a encontrar.

-Estás espléndida, como siempre
-gracias igual tú, veo que sigues sin cortarte esos rulos
-te encantan
-también.

Sonrieron, ordenaron chilcanos, quesos y siguieron desnudándose con las miradas, mientras agarran el vaso la pierna de Gia tocaban las entrepiernas de él...él observaba con deleite como el momento los invitaba a pararse e ir uno detrás del otro a besarse y amarse como el primer día que se vieron.

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Sonó el teléfono.

domingo, 12 de marzo de 2023

Tu línea

La magia de los límites

¿En verdad sabes poner límites? "No voy a permitir que me hables así" No es un límite, generalmente confundimos las reglas, amenazas y chantajes con los límites, pero entonces ¿Cómo son los límites? (Jaime Gama).

Los límites son tu última línea de defensa, son acciones que realizas para cuidarte ante situaciones que  consideras no negociables, esto implica que habrá otras tantas que sí lo sean. Esto último dependerá de la necesidad que tengas en ese momento, es algo esencial para cuidarte, pero si te la pasas poniendo límites sin detenerte a examinar la situación, tampoco vas a poder explorar alternativas, ni crecer en tu gestión de conflictos.

Por ejemplo: cuando invitas a tu casa a una persona, habrá cuartos que cerrarás con llave (límites), otros que están disponibles con ciertas consideraciones (acuerdos) y áreas que simplemente están abiertas. Si todas tus puertas están cerradas, será muy difícil que alguien pueda entrar a tu vida.

Es importante saber que entender tus límites te ayudará a respetarlos y atenderlos, sin necesidad de depender de que otra persona los entienda, es decir es algo que nosotrxs mismxs hacemos para cuidarnos y que no requiere la participación de una tercera persona. Cuando te han puesto límites en algún vínculo significa que puedes validar quien es y como es, y claramente si es lo que ahora puedes dar, es decir te vas a permitir conectar con personas compatibles mientras te cuidan de relaciones y acciones que podrían hacerte daño.

La experiencia de otra persona es tan válida como la tuya. Si su forma de ser no se alinea con lo que tu quieres o necesitas, quien necesita hacer algo al respecto eres tú.

Importante tener en cuenta a la hora de establecer límites con un vínculo:

1. No volverlos una amenaza ("si no haces esto, entonces yo me molestaré")

2. Establecerlos para que la otra persona cambie ("hasta que no laves los platos, no dormirás conmigo")

3. Usarlos para juzgarte ("todo el tiempo eres igual, nunca lo aprendiste")

Puedes usar tus límites como herramientas para construir la relación que tú quieres o como arma para destruirla. Importante buscar empatizar y entender sin invalidar, preguntar para asegurarnos y sostener espacios seguros con comunicación no violenta. 


lunes, 27 de febrero de 2023

Incendiarme-te-nos

Si me preguntaran qué super poder quisiera tener, en una respondería que me gustaría hacer realidad lo que mi mente se imagina en el momento. Sumándole a eso que hoy, quisiera tocarte y  asegurarme que vas a recordarme cada segundo que esté delante, porque sí, quiero volver a tu sillón, a tu habitación... a ese cómodo placer de hacerte más fantasías de las que imaginaste y quisiste la última vez. 

Si no usara el yap-recto inter diario, seguramente estaría en la puerta de tu casa con un postre, sonriendo y buscando comodidad como la que sueles darme..menos mal el guante me ayuda a tener más oportunidad de canalizar los demonios internos,pensó.

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Bueno, volviendo...¿ya pensaste qué haremos?

¿Qué más? -avanza, ella retrocede, se chocan con un muro y tiene un beso tan apasionado que su mente voló imaginándose encima de él sin apenas haber soltado sus labios.

-se caen las copas- los dos ríen, voltean observan el desmadre y siguen en lo suyo, cae su vestido, la coge fuerte de la cintura (con lo que ama que la agarren de ahí), ella ve el tatuaje del pecho, inevitablemente empieza a lamerlo, le aprieta la espalda con sus uñas color rojo sangre -con lo que le gustaría realmente ver sangre-, se siguen besando, ella baja la bragueta mete las manos y pareciera que un vaso lleno de agua hubiera caído. Sonríe, lo mira, se miran, siguen besándose mientras sigue tocándolo, le propone acompañarlo, ella solo sigue -recuerda todos esos textos como si fuera ayer- tal como se lo habían dicho, así, tal cual.


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¡Ya despierta, tienes trabajo!

Despierta húmeda.

-¡Putamadre!, exclamó ¿acaso estaba soñando?

Deamon Lover