Las temporadas les hacen cambiar.
Cuando hay brillo solar, nacen, florecen, crecen, mudan; cuando hay vientos fuertes, a veces se caen pero siguen habiendo algunas ahí en las ramas; cuando hace frío, se caen todas y solo encontramos bases sólidas sin flores de por medio pero con esperanza que vuelvan a salir en una nueva temporada.
Caminando en una calle Barranquina, encontró muchas flores caídas, pensó ¿cómo se siente hoy?...puede estar triste y decepcionada pero trabajó mucho tiempo para tener un corazón con flores -elige el girasol- y porque varios pétalos hayan caído en un torbellino inesperado, no significa que ahora no vayan a florecer otra vez; al final...volverán a crecer y a confiar que la naturaleza pondrá mejores vientos, por ahora el abono debe ser fuerte por si hay más tormentas.
Hoy, es probable que el viento se las lleve, el basurero las recoja y terminen en un conteiner de recolección de residuos, porque así de ingrata son las tormentas. Las temporadas se cierran - a veces no tienen el mejor medio, pero es lo que hay- y se encargan que las ramas le vuelvan a crecer flores para que llenen de alegría y color el espacio de su corazón genuino.
-sigue caminando-
